miércoles, 14 de junio de 2017

Joy Division - Unknown Pleasures (1979)



ÁLVARO: Bueno, bueno, bueno, ¿cómo usted por aquí?

JORGE: Hace muchos tiempos que por aquí no estaba, y quiero aprovechar esta oportunidad para decir que estoy comiendo yogur helado de vainilla. Y no sé, un poco eso. ¿Qué hacemos aquí? Cuéntanos.

A: A ver, los acontecimientos se han desarrollado de una manera que ha desembocado en una vuelta al campo de la crítica musical. Unos chicos muy majos que por motivos que están en manos de nuestros abogados han dado en llamarse “Rockríticos” sin tener constancia de nuestra existencia nos contactaron hace unas semanas (el comentario sigue por aquí por el blog), y hemos decidido hacer una especie de alianza melomanoide. Su canal de Youtube analiza discos de manera amena y distendida. Como nosotros pero dando la cara, que siempre es más valiente.

J: Efectivamente, así ha sido. La naturaleza del acuerdo era la de reseñar, de manera conjunta (formato que ya pudisteis ver por aquí con Álvaro y Diego destripando a Muse), una serie de discos, los mismos que ellos están trabajando en su canal. Y el primer de todos ha querido la suerte que sea Unknown Pleasures, de Joy Division, una banda que vio nacer la misma ciudad en que ahora mismo me encuentro. ¿Qué nos puede contar usted de ellos?


A: Son una banda como muy bien has insinuado oriunda de Manchester, ciudad de la que me gustaría que nos hablaras en el próximo párrafo (estad atentos). Surgen de la escena punk, pero con pretensiones algo más siniestras que acabarían resultando ser llamadas post-punk, aunque no son en el fondo los originadores del género. Digo que nacen del punk porque como muchas otras bandas se conocieron en un concierto de los Sex Pistols. Ahora hablaremos un poco más de Factory y de cómo empezaron a labrarse un nombre, pero primero que nos cuente Jorge algo de su ciudad adoptiva. ¿Es Manchester tan gris y oscura como la pintan los Joy?

J: A día de hoy, no, nadie diría que la ciudad que pintan es la misma. Pero no cuesta demasiado imaginarla hace cuarenta años. Mánchester es el símbolo por antonomasia de la industrialización británica y el empoderamiento de la clase obrera: aquí vimos los grandes avances en el ferrocarril y la industria textil desde finales del XVIII, aquí nacieron los pilares del marxismo en las experiencias de Marx y Engels, aquí tuvieron lugar algunos de los hechos más simbólicos para la lucha obrera del país (como sigue siendo hoy)... y aquí fraguó todo ese sentimiento de alienación y suciedad provocada por el humo que cristalizaría en una serie de bandas de las que Joy Division solo es una más. No olvidemos que es la misma ciudad en que nacieron Oasis, The Smiths, The Verve o… no sé, Take That. ¡Y no te olvides de Van der Graaf Generator y esa rola que es mágica! Conclusión: sí, es gris (pero no tanto como era antes), y de paso, preciosa.

A: Qué bonitas palabras. Aunque Wikipedia me dice que The Verve son de Wigan. Pero está cerca así que me vale. El caso es que la industrialización que mencionas es fundamental en Joy Division y en el sello discográfico que confió en ellos: Factory. Esta compañía, fundada por un presentador televisivo adepto al Situacionismo avant-garde, Tony Wilson, prácticamente creó de la nada toda la escena musical de Manchester. Era un negocio peculiar, nadie tenía ningún contrato y los beneficios iban todos para los artistas. Como era previsible, no salió rentable, pero duró bastante más de lo que se esperaba. Otro aspecto en el que la industrialización es un factor importante es la música en sí: resulta difícil no imaginar una fábrica con los golpes de batería de Stephen Morris, con el toque del productor Martin Hannett. De hecho, otro de los pioneros de la música industrial, los Cabaret Voltaire de Sheffield, eran también gente de Factory. Pero bueno, tanto nombre aburre, pasemos al disco en sí. Salvo que quieras aportar algo.

J: Has mentado la batería de Stephen Morris, y qué mejor manera de introducirnos al disco que con su impresionante energía abriendo el tema inicial, “Disorder”, un golpe de energía e instrumentación apabullante (estoy muy enamorado de ese bajo) que, por lo que a mí respecta, tiene poco parangón en el resto del trabajo. Y que no es raro verlo comentado en los vídeos, entre los fans, como “la mejor forma de comenzar un disco debut en la historia de la música”, y cosas así objetivas y nada exageradas.

A: Qué van a decir los fans, claro. Es interesante eso que dices de Peter Hook, porque es una de las cosas en las que discrepo notablemente con nuestros queridos Rockríticos (aparte de su infundado odio a la música de los 80, pero bueno, donde no hay mata no hay patata). Si bien Ian Curtis es obviamente la clave del sonido Joy Division, con ese barítono super-exagerado y sus eléctricas interpretaciones en directo (ya no sabías cuándo le estaba dando un ataque epiléptico y cuándo bailaba), creo que la base instrumental, especialmente el dúo Hook-Morris, es absolutamente fundamental. El bajo de Hook es solista en muchas ocasiones, relegando a un segundo plano a la guitarra de Sumner. Y por supuesto, la producción de Hannett es responsable casi por completo del sonido “cavernoso”, espacioso y claustrofóbico al mismo tiempo. Los mismos miembros estaban de acuerdo: tenían reticencias a dar tanta libertad al productor, y en directo sonaban de una manera más tradicionalmente punk, pero al final se rindieron y acabaron admitiendo que había sido una buena idea.


J: Comparto por completo tu opinión. Aunque no suelo hacerlo, esta vez he tomado notas de cara a la reseña, y por citar algunos ejemplos, según escuchaba el disco pensaba cosas como que “hay mucho foco en general en Ian Curtis, pero lo que más me impacta es la batería de Morris”, que “Disorder” es “un pepinaco”, o que, a raíz de que tome la voz en “Interzone”, Peter Hook “mola”. Todo un poeta yo. Volviendo a Curtis, y por si los lectores desconocen el detalle, el comentario sobre la epilepsia no es una exageración casual: sufría ataques constantes por culpa de esta enfermedad, amén de una depresión (clínica, no es que estuviera triste sin más), que se reflejan con muchísima crudeza en las letras (“She’s Lost Control”, por ejemplo, es un caso claro). Quizás sea en parte ese hecho, que claro está se soportaba en la gravedad de su voz, y en el mito de su temprano suicidio, el que nos lleve a asociar el grupo de manera tan impagable con él.

A: Tras ver algunas actuaciones en directo de Curtis, he de decir que me produce una fuerte sensación de incomodidad, con esos ojos vidriosos, la piel pálida, los movimientos espasmódicos. Volviendo al disco, creo encontrar cierta influencia de un grupo como Black Sabbath, aunque parezca raro. Temas fúnebres como “Day of the Lords” o sobre todo “New Dawn Fades” (que suena un poco bastante a “War Pigs”) me hacen pensar que buscaron la referencia de los de Osbourne, aunque a lo mejor me equivoco. Luego tienen otras canciones que siguen el patrón punk más de cerca, especialmente la ya mencionada “Interzone” o “Shadowplay”, esta última quizá un single hasta con posibilidades comerciales, si así lo hubieran querido. No en vano la versionaron los Killers, tan poperos ellos.

J: No había pensado lo de Sabbath, pero mientras escribías esas líneas ha sonado “New Dawn Fades” y no puedo menos que coincidir por completo contigo. Los dos últimos temas que mencionas son, curiosamente, los mismos que mentan nuestros compañeros de Rockríticos, aunque he de decir que mi favorito personal es, quizás, el que menos encaja aquí: ese “Insight” que nos trae una electrónica chula, a cargo de Sumner, si no me equivoco, con unos tintes cuasi alienígenas, como muy de serie de ciencia ficción, mientras Curtis grita “I’m not afraid anymore!” (mentira). Algo que no pega en absoluto con el resto del tono introvertido, pero que mola igualmente.

A: En cuanto a temas favoritos, he de decir que coincido con los Rockriticos: “Shadowplay” y “Disorder”. Lo que me lleva a pensar, si ellos son los Rockriticos, ¿nosotros cómo nos llamamos?

J: Como “los Rockrítico” suena a incorrección lingüística, propongo una solución salomónica: tú eres Thelma y yo seré Louise.

A: Maravilloso. Ahora, Louise, creo que ardes en deseos de hablar de astrofísica y explicarnos esa mítica portada de Peter Saville. Parrafada incoming.

J: Es gracioso, porque a lo que me dedico en la vida es, precisamente, a la divulgación científica, mayormente astronómica. Intentaré resumir. La mítica portada de Peter Saville representa un patrón de ondas de radio procedentes de... (consulto nombre) de PSR B1919+21, aka “LGM-1” o "CP 1919". Tras tan sencillo nombre se esconde el primer púlsar descubierto por el ser humano. ¿Y qué es un púlsar, diréis? Un púlsar, del inglés “pulsating star”, es… Cuento el proceso, que es menos caótico: cuando una estrella de entre 10 y 30 veces la masa del Sol alcanza la última fase de su vida y estalla en una supernova, el núcleo de la misma se contrae hasta una densidad inimaginable, y empieza a rotar a gran velocidad. Nace así una estrella de neutrones, una estrella del tamaño de una ciudad pequeña, pero con el doble de la masa del Sol, girando sobre sí misma cientos de veces por segundo, y emitiendo pulsos electromagnéticos en cada giro, como si de un faro, una baliza cósmica, se tratara. Esas señales, captadas por primera vez a finales de los sesenta (gracias, Jocelyn Bell Burnell, eras una astrónoma genial. A tu codescubridor no lo mento, porque a él ya se le reconoció con un premio Nobel por este trabajo mientras a ti se te ignoraba, porque el machismo en la ciencia siempre ha estado de moda) en el astro mentado atrás, y representadas en forma de ondas de radio, son lo que vemos en la portada de este disco.

A: Ay, qué bonico.

J: La astronomía es preciosa, y a quien no le interese… Bueno, no digo nada.

A: No, no te cortes.

J: Quien crea que la astronomía no es interesante no merece… No sé, cosas. Tampoco me voy a poner aquí a faltar a la gente, ni que a todo el mundo le tuviera que gustar lo mismo. Lo que me lleva, salvo que quieras comentar algo más, a las valoraciones de este trabajo.

A: Me parece bien. He estado experimentando con distintos sistemas de valoración para tener en cuenta subjetividad y objetividad. Llevo tiempo queriendo implantar un modelo para puntuar sobre 30, e igual lo estreno hoy. Por eso a Unknown Pleasures le voy a dar un maravilloso 25. O lo que es lo mismo, un 8 alto. No confundir con un 9 bajo. Como podéis ver, este nuevo paradigma podría revolucionar la crítica musical hasta sus cimientos.

J: Podría, y esperemos que lo haga. Yo, por mi parte, soy hace años contrario a las valoraciones alfanuméricas, y prefiero limitarme a destacar lo que más me gusta de las obras, y a recomendar otras similares. Pero por no ser el especialito del grupo, valoraré con un 8 (a secas) el disco. Tiene temazos, fuerza y una calidad inmensa (especialmente en el ambiente que crea y las letras), aunque no es mi estilo y le noto demasiada similitud a las canciones entre sí como para escucharlo demasiado rato seguido. No me odie nadie. Un 8 está bien.

A: Un 8 está bien. Más que digamos un 6,5.

J: Bueno, bueno, aquí hay conflicto. Amistoso. Espero.

A: Ellos saben que bromeo. PERO NO BROMEO. Eso lo dijo Agnes Skinner, una inspiración para todos nosotros.

J: Sin duda. Y con esa inquietante declaración, nos despedimos: buenos días, buena suerte, y recuerden que “para mí, no hablar de ciencia resulta perverso, pues cuando uno está enamorado quiere hacérselo saber al mundo”.

A: ¿Eso también lo dijo Agnes Skinner?

J: Viva Carl Sagan, coño ya.

2 comentarios:

  1. Ya era hora que hubiese crítica nueva.Os aguanto demasiado en el streaming pero mola veros en plan casi serio. Y el disco, que tampoco es mi estilo, me gusta. Estoy de acuerdo con lo de Black Sabbath. Y ojalá continuaráis con más críticas.

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    Respuestas
    1. Volverán, seguro que volverán... Etc., etc. Nos alegra que te mole el disco y la crítica cuasi seria, seguiremos con este rollo, leyes de la naturaleza mediante.

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